Estuvimos a punto de perderlo.
La situación financiera era crítica. Cuando revisamos el estado de las propiedades, las deudas se habían acumulado hasta llegar a siete cifras.
Me hubiera encantado tener a alguien que me ayudara, pero no tenía a quién recurrir. El primer paso fue revitalizar el negocio, frenar la acumulación de deuda y empezar a pagar las cuentas pendientes.
La experiencia, la formación y la tecnología podían ser nuestras aliadas. Mi familia y yo nos embarcamos en una transformación que terminó superando nuestras expectativas.










